Varios días sin conectarme.
Es culpa de un trabajo de un libros, que el trabajo no era tan largo, y el libro no era tan pesado, pero hacerlo en dos días fue poco favorable. El trabajo se entregó ayer, día de San Valentín, como me gusta llamar al 14 de febrero, para evitar decir el largo y cursi sintagma nominal día del amor y la amistad.
San Valentín pasó por mi vida como la paloma que me cagó por la de vosotros: sin afectarme. No tengo nada en contra de ese día. Por lo menos nada que tenga que ver con la clásica posición que toma la gente frente a él, que siempre tiene dos vertientes:
a) Es un día muy comercial. ¿A mí que me importa que sea comercia, como todo en este mundo capitalista y hermoso? Es una buena oportunidad para regalar chocolates, y el chocolate siempre será bueno. Ok, voy de acuerdo en eso de que demostrar cariño a nuestros amores y amigos debería hacerse todos los días y bla bla bla… pero no todos los días el mundo se vestirá de rosita fresita… hombre, que el hecho de que se deba demostrar cariño siempre no quiere decir que no deba haber un día para demostrar cariño.
b) Es kE io Nu tENgo NovIOoOooOOoOooOoooo… i mE PonE… znIFf… triIiiIIiizte!! Ok, estaréis de acuerdo conmigo conque este tipo de comportamiento suena un poco a mí. Pero bah, sé que si tuviera novio mi actitud hacia el día de hoy sería prácticamente igual de nula… aunque tal vez le compraría chocolates… los chocolates siempre serán buenos. Vaya, que para eso están los amigos, si tanto os deprime pasar este día solteros. En cualquier caso, las parejas de enamorados me causan igual envidia hoy que el día del natalicio de Benito Juárez.
Dos amigos a los que quiero mucho me mandaron SMS el día de ayer. Me alegraron el día, aunque ni siquiera había sido un día triste, pero un gustazo me dio que me escribieran. La cosa es que, a diferencia de en Navidá y Año Nuevo, a mí nunca se me hubiese ocurrido mandar mensajitos.
Eso sí, os hago una sugerencia: si gustais de celebrar el 14 de febrero con sus novios(as) o amigos, hacedlo el día 13, que es de suerte (no de mala suerte ni de buena suerte, sólo de suerte), pa’ que os ahorréis el horror de encontraros con todas las cafeterías y restaurantes llenos hasta su requerecontraputísima madre.
Whatever… os quiero!


