Confiar es creer en algo de lo que no tienes pruebas. Por ejemplo, creer que alguien te dice la verdad o no va a lastimarte.
Cuando dos personas te dicen versiones contradictorias de un mismo suceso, puedes confiar en una, en la otra, o en ninguna, pero no en ambas. Si tú no estubiste ahí, si tú no lo viste, entonces no tienes de otra. No sabes lo que pasó.
La lealtad es la cualidad de ser digno de confianza para alguien, aunque signifique no serlo para alguien más. El que es leal le tiene confianza a quién debe su lealtad. Y uno puede confiar en quien le es leal.
En las relaciones y las peleas la neutralidad significa no ser leal a nadie y no confiar en nadie. La neutralidad no puede ser lealtad a todos y confianza en todos, porque cuando hay choques, hay mentiras e intentos de destrucción. O se está de un lado, o se está de otro, o no se está de ninguno, pero no de ambos.
Yo no golpeo, no insulto, no destruyo, pero no soy neutral. Porque habrá alguien en quien confíe, alguien a quien sea leal, y alguien a quien no. Todo esto es muy subjetivo, puede depender de la situación, del contexto o del momento.
Escogemos para confiar a las personas que creemos que valen la pena, o las que nos han dado motivos para ello. Y a veces nos equivocamos, ç’est la vie, pero es mejor confiar y tener lealtad, a ser neutro.
Pero siempre hay que recordar que la mejor batalla es la no librada y que las provocaciones de quienes despreciamos, cuando son atendidas, sólo les dan gusto.
Y claro, no confiar en alguien no significa no quererlo. La confianza, eso sí, es la más grande y maravillosa muestra de cariño, pero al fin y al cabo, no se puede confiar en todos, pero se debe amar a todos.
Au revoir.