Lunes. La gente va a la escuela o al trabajo con hueva flojera, después de un merecido fin de semana de descanso con la familia y los amigos. Regresando están ya a sus hogares, con el estómago vacío, pensando en llegar pronto y encontrarse con la alegría de la casita.
Lunes. Los lunes no son bonitos. Garfield lo dice y lo que Garfield dice es la ley. Los lunes son malos. Si yo fuera Garfield, trataría de dormir hasta que fuera martes.
Me pregunto por qué Garfield odia los lunes… él no es humano, él no trabaja, no va a la escuela. Los humanos odiamos los lunes porque debemos regresar a la odiosa rutina. Los gatos tienen rutina, pero no es para nada odiosa.
(Comer, dormir, comer, dormir… ¡oh, Dios mío, hazme gato!)
Yo ahora no estoy de rutina (se supone). Estoy de vacaciones.
Hoy es lunes y lunes hoy quiere decir extensión del domingo. Pero todos mis amigos van a la escuela y ahorita están regresando a casa con el estómago lleno de hambre y los bolsillos llenos de tarea. Yo, mientras tanto, miro moverse el segundero (los otros se mueven muy lento, aburren).
Estoy solito. Solito-solito. Y ya me estoy cansando de eso… Estoy triste, estoy muy triste, porque soy un imbécil enamorado. Puta, pero PUTA madre.
Lo último que quiero ahora es estar triste como lo estoy. Y cuando estoy triste, a diferencia de muchos, no quiero es que me dejen solo.
Pero los que no están en la escuela o el trabajo, o regresando de éstos, están muy felices con sus novias o novios respectivos, o viven lejos, tienen cosas que hacer, tienen el celular apagado… en fin, tienen una vida, chingada madre, y no eres tú. Y yo estoy aquí, enfrente de un monitor. Ni siquiera hay alguien conectado al MSN con quien hablar. Estoy solo. Solito. Solititísimo.
Lo malo de enamorarse es que uno no se da cuenta hasta que ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. Todo parece normal, parece que él es mi amigo y nada más, parece que nos llevamos muy bien, pero nada más. De pronto, un detonante. ¡Boom!… ¡Y voila! ¡Llevas años enamorándote cada día un poco más y no te habías dado cuenta! Son los celos, ¿verdad? No se siente bonito, ¿verdad? Pues ahí está, te lo ganaste por pendejo, por pensar que las cosas podían continuar así. Es cierto lo que dicen, el único animal que, literal y metafóricamente, tropieza dos veces con la misma pinche piedra es el humano. El homo-sapiens-sapiens-homo-sexual que está aplastadote en esa silla (¡SÍ! ¡ÉSA!) enfrente de este monitor donde estas letras aparecen como por arte de magia cuando esas blancashuesudasfeasarrugadasmanosdeuñasmordidas aprientan esos botoncitos de aquí abajito.
Ya lloré varias veces el día de hoy. Cuando intenté hablarte por teléfono y no estabas, cuando intenté marcar el celular de ese otro wey y lo traía apagado, cuando no me pude dormir, cuando en la tele no había nada bueno, cuando mi pinchi-conexión-chafa me dejó aproximadamente cinco minutos sin Internet (¡oh, gran desgracia!), cuando recordé que si no fuera tan pinche pendejo (¡ya, wey!) no estaría así ahorita en este momento que está transcurriendo en el instante en el que estoy escribiendo estas palabras escritas que tú, amable lector, estás leyendo con los ojos.
El pronóstico del tiempo: húmedo y nublado todo el día, con chubascos dispersos. Abríguese bien y no salga sin paraguas.
Wabu…
(Una de la tarde con cincuenta y cinco minutos y treinta segundos del día lunes veintiseis de febrero de dos mil siete del calendario gregoriano.)
(Y no, mi admirado amigo Derber, no estoy seguro.)


