Últimamente he estado necesitado de abrazos.
A veces llorar las cosas me hace sentir mejor, pero prefiero un buen abrazo. Eso vale todas las lágrimas.
Yo no demuestro mis sentimientos con mucha facilidad -otra razón por la que empezé este blog, supongo-, pero hay alguien a quien siempre demuestro de alguna forma mi estado de ánimo.
Vico, mi mejor amigo, que actualmente es una de las personas más importantes en mi vida, es un muchacho tradicional, heterosexual y regular. Nada especial. Desde hace un buen tiempo que él se la vive en mi cuarto. Casi todos los fines de semana -y casi todos los días en vacaciones- él viene a mi casa y se sienta en la silla de la computadora, y así estamos horas los dos en mi cuarto, hablando, viendo videos o escuchando música.
Muchas veces tengo hasta a diez amigos metidos en mi cuarto, echando relajo, pero Vico está aquí siempre, esten o no ellos. En tantas veces que hemos estado los dos solos hemos podido hablar de técnicamente cualquier cosa, desde sexo hasta caricaturas estúpidas -estilo Bob Esponja y similares-, y él es, por lo tanto, con quien más me abro. No dudo que él sea la persona que me conoce mejor en el mundo.
Antes de que yo saliera del clóset Vico se manifestaba como una persona abiertamente homofóbica -lo cuál me causaba mucho dolor-, pero ahora, después de que yo salí le falta poco para ser gayfriendly, aunque lo niegue. Su aceptación por mí (y por el gremio gay -por llamarlo de algún modo) ha evolucionado paulatinamente: antes evitaba hablar sobre el tema, después empezó a tomarle interés y ahora hablamos sobre eso con la misma naturalidad con la que dos muchachos heterosexuales se cuentan que chavas les gustan y esas cosas.
Sin embargo, el acercamiento afectivo entre dos varones siempre le fue incómodo. Recuerdo haberlo oído decir que no le gustaba que lo abrazaran, en especial otro hombre. Aun así, en la época inmediata a que yo saliera del clóset lo veía rodear con el brazo a sus amigos por los hombros, en un gesto amistoso que, de cualquier modo, es un abrazo, pero no a mí. Mi mente pesimista me hacía pensar que él no me daba ese tipo de muestras de cariño porque tenía miedo, ese miedo que los hombres heterosexuales tienen a que otras personas duden de su orientación o su hombría: la verdadera homofobia.
Por culpa de Óscar, más que nada, se me ha hecho la costumbre de saludar y despedir a mis mejores amigos con un abrazo. A Vico siempre lo he abrazado, desde hace mucho, pero él no me respondía el gesto. Se sentía incomodo.
Pero yo lo seguía abrazando, hasta que llegó un día en el que no lo abracé. Tal vez lo olvidé o tal vez ese día en especial no tenía ganas de hacerlo sentir incómodo. Pero entonces pasó algo que me costó trabajo creer: el que me abrazó fue él.
(Con la memoria de teflón que tiene, él de seguro no recuerda este tipo de detalles).
Desde entonces me doy cuenta que cuando lo abrazo para despedirme o saludar él también me abraza. Supongo que ya se acostumbró.
En los últimos días -semanas, meses- he pasado por una crisis emocional; como ya lo dije, no suelo demostrarlo, pero no me he sentido muy bien. A veces estoy triste, cansado, ansioso o todo a la vez. Lo cierto es que abrazar a alguien me hace sentir muy reconfortado.
Así que cuando Vico y yo estamos juntos en mi habitación me ha dado por abrazarlo (a veces pienso que, si alguien nos viera y, partiendo de que soy homosexual, pensaría que somos pareja. Pero no: Vico es heterosexual y eso es, en parte, lo que me hace quererlo más), lo abrazo porque necesito abrazar a alguien, porque es tan efectivo como llorar para desahogar mis penas, pero mucho más reconfortante.
Sin embargo no me gusta hacerlo sentir incómodo. Varias veces le pregunto si le molesta que lo haga y él me responde que no. Una vez, cuando él se preparaba para irse de mi casa, se levantó de la silla en donde estaba sentado y yo también me puse de pie; quedamos frente a frente y él me abrazó, me dio unas palmadas en la espalda y continuó su camino hacia la puerta.
Vico es la razón por la que me siento realizado. Él cambio de ser abiertamente homofóbico y cerrado a ser abierto, comprensivo y hasta cariñoso, sin dejar de ser escandalosamente heterosexual. Me gusta creer que fue gracias a mí, pero mi fe me hace pensar, sin que eso sea malo para mi ego, que mi Señor tuvo algo que ver en eso.
Sea cual sea el caso, muchas gracias, Dios.
Y un abrazo para todos.